El día que Morena le dijo no a Milena y a Víctor Castro



 El día que Morena le dijo no a Milena y a Víctor Castro

Lo ocurrido este lunes en la Ciudad de México dejó una fotografía política difícil de disimular en Baja California Sur: Manuel Cota fue designado coordinador estatal de la 4T rumbo a 2027 y, con ello, Morena dejó en el camino a Milena Quiroga y propinó un duro revés al grupo político del gobernador Víctor Castro.

La escena habló casi tanto como el resultado.

Milena Quiroga no estuvo para levantarle la mano al ganador. Abandonó el World Trade Center antes de que se hiciera oficial la designación y parte de sus simpatizantes también se retiró del lugar. La jornada, según distintas crónicas periodísticas, estuvo marcada por retrasos, jaloneos e inconformidades.

Después vino la explicación: Milena pidió revisar datos técnicos, quejas y presuntas fallas del proceso interno. Dijo que es necesario transparentar la ruta mediante la cual se llegó al resultado y que esperará las aclaraciones correspondientes.

En política, sin embargo, las formas también comunican.

Y retirarse antes de la proclamación del ganador difícilmente proyecta la imagen de unidad que durante meses se pidió a los demás.

Ahí está quizá una de las mayores contradicciones de esta historia. Cuando Manuel Cota cuestionó el proceso y lanzó acusaciones contra ella y contra el gobernador, Milena llamaba a respetar las reglas, mantener la prudencia y recordar que los participantes no eran enemigos. Incluso sostuvo que había que saber conducirse dentro de un proceso interno.

Pero cuando el resultado no le favoreció, aparecieron las dudas sobre el procedimiento.

Podrá llamársele inconformidad, solicitud de revisión o defensa de la legalidad interna. Para muchos, políticamente, la escena tendrá una palabra mucho más sencilla: berrinche.

Pero el episodio va mucho más allá de Milena.

La decisión también representa un golpe político para el gobernador Víctor Castro.

Durante meses fue evidente la cercanía política entre el gobernador y la alcaldesa con licencia de La Paz. Medios nacionales han señalado directamente que Castro respaldaba a Quiroga y han interpretado la elección de Cota como un revés para el mandatario sudcaliforniano.

Y ahí está probablemente la parte más interesante de la historia.

Porque Manuel Cota no llegó a esta definición como el candidato cómodo del grupo gobernante. Todo lo contrario.

Durante el proceso acusó públicamente a Víctor Castro y a Milena Quiroga de utilizar instituciones para obstaculizar una de sus actividades políticas. Llegó incluso a comparar esas prácticas con las del viejo PRI y anunció que acudiría ante las instancias internas de Morena.

También había lanzado críticas directas contra el gobierno estatal y contra Milena.

Y fue precisamente ese Manuel Cota —no la candidata asociada con la continuidad del grupo gobernante— quien terminó recibiendo la coordinación.

Por eso sería demasiado simple reducir lo ocurrido a quién ganó una encuesta.

Lo sucedido representa una modificación importante de los equilibrios internos de la 4T en Baja California Sur. La dirigencia nacional terminó colocando al frente del proyecto estatal a un personaje que durante meses confrontó políticamente al grupo que actualmente gobierna la entidad.

Hasta el Partido Verde salió fortalecido de la jornada: Cota llegó a la Cámara de Diputados bajo esas siglas y continúa formando parte de su bancada, aunque se afilió a Morena para participar en este proceso. La definición de Baja California Sur fue parte de un escenario nacional en el que el Verde ganó espacios dentro de la coalición gobernante.

Ahora viene la llamada “operación cicatriz”.

Cota ya extendió públicamente la mano a sus antiguos adversarios internos. Incluyó a Milena, a Christian Agúndez y también dedicó palabras de reconocimiento a Víctor Castro. Su mensaje fue particularmente revelador: dijo que no entiende la unidad como subordinación ni como silencio y ofreció construir “sin exclusiones y sin imposiciones”.

El problema es que las heridas quedaron expuestas.

Morena podrá insistir en la unidad, pero ayer quedó demostrado que debajo de esa fotografía existen grupos, intereses y proyectos que llevan meses disputándose el control político de Baja California Sur.

Milena perdió la coordinación.

Víctor Castro no logró colocar al perfil identificado con su grupo político.

Y Manuel Cota, quien durante meses desafió públicamente a ambos, terminó recibiendo de la dirigencia nacional aquello que sus adversarios internos estaban convencidos de obtener.

Esa es quizá la fotografía más importante de lo ocurrido.

Porque mientras algunos hablaban de continuidad, desde el centro del país llegó una decisión distinta.

Y cuando la política manda mensajes así de claros, el verdadero problema no es perder una encuesta.

Es descubrir que quien creías que tenía la última palabra, en realidad nunca la tuvo.

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