Baja California Sur ha vivido días intensos en lo político. Las visitas, los informes y las giras de los gobiernos emanados de Morena han intentado marcar agenda, pero la realidad vuelve una y otra vez a poner los pies en la tierra.
En La Paz, la visita presidencial volvió a dejar grandes titulares: agua, movilidad, vivienda, energía solar. El problema no está en lo que se promete, sino en lo que se repite. Muchas de esas obras ya habían sido anunciadas meses atrás, y hoy se presentan otra vez como “novedad”. El riesgo de este discurso es claro: convertir la palabra “confirmar” en un sinónimo de “posponer”. La ciudadanía distingue con facilidad entre lo que ya está funcionando y lo que se usa para rellenar discursos.
Mientras tanto, en el día a día, los problemas golpean más fuerte que los anuncios. La carretera Transpeninsular sigue en estado deplorable y el Congreso local ya tuvo que levantar la voz para exigir un programa emergente de reparación. En seguridad, la violencia mostró su rostro con un doble homicidio en Loreto y desapariciones de adolescentes en La Paz. No son cifras abstractas: son hechos que reflejan un deterioro silencioso en la capacidad de respuesta del Estado.
El ámbito municipal tampoco se salva. En La Paz, la llamada “Puerta Turística” terminó bajo sospecha: materiales cuestionables, costos elevados y dudas sobre recursos no transparentados. Lo que debía ser un emblema para recibir a los visitantes se ha convertido en un recordatorio de que la opacidad y la improvisación son malas consejeras.
En paralelo, desde el sector empresarial se mandó un mensaje claro: basta de atribuirse logros como si fueran méritos exclusivos del gobierno. La reducción de la pobreza, el crecimiento económico y la resiliencia social son procesos complejos donde intervienen familias, empresas, trabajadores y sociedad civil. Gobernar no es apropiarse de los avances, es generar condiciones para que estos se sostengan.
La puesta en escena política también mostró fisuras: en Los Cabos se denunció acarreo para el mitin presidencial. En pleno siglo XXI, Morena parece seguir atrapado en las viejas prácticas que tanto criticó. La forma importa, y cuando la forma es la del acarreo, el fondo termina vacío.
Al final, lo que queda es un contraste cada vez más visible: giras multitudinarias, pero con obras que no llegan al corte de listón; discursos que repiten, pero no resuelven; gobiernos que hablan de transformación, pero no logran aterrizar los cambios en el día a día de la gente.

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